Somos como una habitación desordenada, con toda una vida de caos dentro de la misma. Una habitación oscura con olor a humedad, en donde casi no entra la luz. Y nosotros estamos ahí, en nuestra cama, hechos un bollito, tapados hasta las narices, sin querer o poder movernos, con miedo a saber que guarda nuestra habitación, qué cosas, qué recuerdos, qué memorias (claro, porque ella tiene memoria propia).
Y un día, sin querer, sin buscarlo, en medio de nuestra propia oscuridad, escuchamos que alguien toca la puerta de nuestra habitación. La pensamos, y mucho, antes de abrir esa puerta, nos cuesta levantarnos de la cama, pero por una extraña razón, quizá una extraña o conocida energía, lo hacemos, nos levantamos y con mucho temor y muy despacito, abrimos la puerta. Y la puerta se abre de par en par, con una fuerza arrolladora y miles de mariposas y mucha luz entran a través de ella. Y ahí está esa persona, con una escoba, una pala y unos cuantos productos de limpieza, que nos dice: - "Mira, justo pasaba por aquí y por una extraña razón me detuve en tu puerta. Bueno, aquí estoy y veo que ésto es un caos, vamos, te ayudaré a limpiar todo lo que más pueda. Será un trabajo duro pero ésta habitación tendrá vida otra vez. Por favor, no tengas miedo, si estoy aquí es por algo, nada es casualidad, así que levántate y vamos a trabajar"-.
Y ahí estamos nosotros, perplejos, cegados por tanta luz invasora. ¿Y ahora?, ¿Qué haremos?, ¿Nos dejamos invadir por éste extraño que a pesar de todo nos resulta tan familiar?. -"No, no puedes, es peligroso, corres un riesgo muy grande", -dice la mente, mientras que nuestro corazón palpita fuertemente, ansioso de aceptar el desafío y unirse a la aventura. De todas maneras, aunque nos resistamos, ya es tarde. Hemos abierto la puerta de nuestra habitación y la luz ingresó. Miramos todo a nuestro alrededor y nos damos cuenta cuanto caos hay en ella, cuanta humedad, cuanto polvo acumulado por años. Y vemos, podemos ver cosas que había que quizá ni sabíamos que las teníamos, podemos encontrar cosas muy viejas, que ni recordábamos que estaban, también vemos objetos que queríamos mucho y que estaban cubiertos de polvo y abandonados, muchos de ellos rotos, sin poder ser reparados y otros tantos esperando ser arreglados. Las paredes cubiertas de moho y despintadas, la ventana cerrada, ahí expectante, ¿qué hacemos?, ¿la abrimos?, pero si la abrimos entrará más luz!. Y viene esa persona detrás nuestro y nos dice:- "Qué importa! Necesitas que entre la luz!"-. Sin más opción la abre de par en par, intentamos cubrirnos la cara, ahora no sólo hay más cosas que se descubren dentro de la habitación, si no también nosotros mismos quedamos como desnudos, totalmente vulnerables. Hay un gran espejo al frente que nos deja vernos de principio a fin. Ya no nos podemos ocultar más, nos estamos viendo, así tal cual somos. Y esa persona tan extraña y tan familiar a la vez, al lado nuestro, observándonos, con una escoba y una pala en sus manos, diciéndonos: -"¿Ves? No era tan difícil iluminar la oscuridad, ahora hay que ponerse a limpiar cada rincón de la habitación. Vamos! Hay mucho trabajo por hacer!"-.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario